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viernes, 7 de febrero de 2014

Te escribo.


El guardia, de espaldas a la puerta metálica, cerrada, que hace de barrera, ronca balanceando en el aire su fétido aliento de estrangulador de niños, entretenido el sueño en sórdidas volutas de herrumbre, y es cuando yo, infeliz preso de circunstancias inenarrables, me agarro a esa paz inestable y que se incorpora cada noche para no permitir mi  extravío definitivo. Comienzo a escribirte, nocturna la hora en que seguro ya duermes, revestido por los hálitos amargos de las malagueñas que Diego Clavel desgrana indecoroso desde las fauces de mi memoria. Se me estremece la garganta. Vienen esos cantes con una brutalidad sencilla que me desarma; me toma de las solapas algún sentimiento ciego imposible de controlar, que habita dentro del hueso, y me golpea contra unos muros impracticables, los muros de esta celda primero, los del recinto luego, los del mundo finalmente. Una sencillez que de tan simple escapa, como aquel beso primero con rumor de lengua que nos dieron, tanto conjeturado, de una sencillez después tan desarmada. Dan ganas, en los finales inabarcables de un quejido que parece que nunca podrá agostarse, dan ganas de pedir clemencia o piedad, una caridad de urgencia, no para el mundo, no, pedirla para nosotros dos solos que tenemos las manos  tan expuestas a la luz, fuera de todo el  refugio del cuerpo, y en esta hora tan terriblemente aprestada para una caricia que se agrupa sobre el aire. Nosotros, que no tenemos a dios, que no podemos desprendernos del veneno de mirar y de la rabia... Y el dolor emocionado que no es nuestro, que es memoria que no debería pertenecernos, viene a lamernos los pies, a tenderse -escaldando- como un perro viejo y  cansado. Puto ronquido del hastial del guardia que ofende estos sensibles, para mí, acostumbrado a la briega embrutecida, pensamientos. Continúo escribiendo, como si hubiera papel y tinta manuscrita en esta carta, en esta noche de  transparencia voluptuosa, después de pasearte sin desconfianza en la mañana, por la media luz despierta de las sábanas tratando de encontrar un orden imposible para las fichas de un puzzle que tanto tiene, al que tanto falta... Yo no tengo quien por mí llore/ ni quien por mí pase pena./ Será un toque de  campana muy triste/ que doble cuando yo muera. Yo, que acostumbro a vestir de almidón las palabras, para que sepan humanas: qué hago con estas voces, pero qué hago también, en momentos de ayer y hoy, contigo. Porque está ese pozo abisal de belleza sin pulir, básicamente sublime, primariamente indecoroso. Puto ronquido del guardia desdeñoso, terco en recordarme su presencia y la náusea del exterior y que me empuja a vivir en el disfraz para esquivar el rasgar continuo que ya supura. Y sin poner un pie en la iglesia.
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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Sigue escribiendo ME (así lo tomo)

Un abrazo,
o dos.
K.

Y despertar...

Hoy la calle olía a silencio,
el cielo amenazaba lluvia,
y en los abrigos
el alma se quedaba fría.
Los sonidos eran sordos,
lejano eco de tormenta,
vacía y seca
en la pesadilla de un niño.
Hoy he despertado en gris,
sin prisa y sin objetivo,
y en la cama
he plantado un desierto.

Hoy la calle olía a silencio,
mañana sonará a olvido.

Franzl Mathews dijo...

Querida Kit, ahora mismo acabo de ver este comentario, justo después de enviarte el correo, y puedes creer que me he emocionado con tus versos, justos en este día plomizo, frío, lluvioso, silencioso, desierto, vacío... todo, todo lo que dices. Como dijo Baudelaire, somos conscientes de la matanza general que nos rodea y del encanto de Bach.

Un beso, o dos.

Franzl Mathews dijo...

Por cierto, sí, seguiré escribiendo, algo que, como dijo Simenon, es una vocación de infelicidad. Además, es catártico, es, en suma, una necesidad.

Anónimo dijo...

Mi querido caballero.
Releo cuidadosamente y pone "justo después de enviarte el correo", frase que me deja un poco al biés, ya que no he recibido ningún correo tuyo.
La próxima vez, los mimitos me los hace usted en vivo y en directo porque ahora mismo debe haber alguien por ahí con una dirección similar a la mía y con el ego como un globo sonda.
Reescriba usted y esta vez para mí :)

Franzl Mathews dijo...

Compruebo: y con el prurito que me caracteriza, por prevenido que soy, y por pura ética, te digo: lo envié a k......a1999@Hot.....com Si me erré, lo siento. Por favor, em sacas del apuro... Gracias.

F.

Kitiara dijo...

ES que es exactamente ése el correo, pero no he recibido nada.
Los elementos (Y el jodido hiperespacio) se confabulan contra mí.
Intenta reenviarlo a la misma cuenta o a la de "La Hora Bruja" que es letrasbrujas@gmail.com

Muas y remuassss