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viernes, 8 de febrero de 2008

Demasiado cerca.

Dice Nietzsche: Al vivir demasiado cerca de un hombre, nos sucede lo mismo que si tocásemos todos los días con los dedos un buen grabado: un buen día no tendríamos en las manos más que un papel sucio, y nada más. También el alma de un hombre se desgasta por un contacto continuo; al menos acaba por parecérnoslo, pues no vemos ya su figura y su belleza originales. Se pierde siempre en el trato demasiado íntimo con mujeres y amigos, y a veces se pierde la perla de la vida.
Humano, demasiado humano.
Me miro de reojo, a todo esto, quedo estático unos segundos, y no me veo virtud, la he laminado. He vivido demasiado cerca de mí mismo. Qué cansancio clavado en el vórtice de los días, incesante; qué parpadeo repica en los silencios más denostados. Sólo queda reinventarse.
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