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sábado, 15 de marzo de 2008

El fracaso del noumeno.


Me acaba de llamar una amiga y me comunica que no le quedan bragas limpias que ponerse, que qué puede hacer para solucionar el problema, que tiene que salir esta noche de pindongueo y que tiene apuros para salir sin esa prenda íntima a la calle, que qué iban a pensar si... Yo me quedo oyéndola estupefacto, preguntándome cuál es el motivo que la ha llevado a esa desgracia, si ha sido un descuido, si se le ha estropeado la lavadora, si se ha quedado sin agua corriente, si es que no tiene más que media docena de ellas en su cajón, etcétera, todo eso sin abrir la boca. De pronto se calla, y pienso que, a lo mejor, se ha cortado la señal del móvil, y yo puedo regresar a mi lectura de Magris olvidándome de inmediato de la interfecta, ella. Pero no, desafortunamente vuelve a implorarme. Entonces le digo que si ha pensado en el noumeno, y ella dice que sí, que es lo que más le importa, llevarlo ahí al fresco toda la noche, que hace una brisa gélida inconveniente, que está marceando más de lo debido. Y se calla de nuevo, como queriendo reunir fuerzas en ese silencio. Yo le advierto que no ha de confundir el noumeno con lo que ella lo confunde, y que se calme. Que, a unas malas, le puede pedir prestadas unas braguitas a la vecina de enfrente, o lavarse unas a mano lo antes posible, que si no tiene agua del grifo que use agua mineral, que, oye, todos mis descubrimientos pertenecen al campo de lo frágil y que esta situación me supera, que existen en el mundo adversidades mucho más crueles y que llevan años sin solución, y que ella debería arreglárselas sola en vez de llamarme, jodidos móviles, para transmitirme una preocupación tan beocia. Pero mi amiga insiste, y no sé cómo deshacerme de ella. Pienso en el siglo diecinueve, cuando la ropa interior era un reino de hadas, y me esfuerzo por no exponerle mi malestar, le digo que me siento avergonzado, le deseo suerte y corto. Se me han desvanecido las ganas de seguir leyendo, y me pongo a escribir esto en el blog, ante mi propio asombro, pese a la estultez tan evidente. Desde que empecé no ha dejado de sonar el teléfono. Es ella. Yo la imagino sin bragas, paseándose por el salón. Voy a enviarle un mensaje recomendándole que use cualquier braga sucia.

6 comentarios:

Recaredo Veredas dijo...

Unas bragas se lavan en cinco minutos y pueden secarse, incluso, con el secador del pelo. Está perdiendo el tiempo llamándote. En cualquier caso, podría ser un buen inicio para un relato.

Faramalla dijo...

Gracias por tu comentario. Ha sido un honor para mí. De todos modos, ese texto ha sido un experimento, para mellar una rebeldía. No creo que sea el principio de nada.

Espectadora dijo...

La verdad, es que yo también me siento avergonzada con esas bajezas. Nunca se me ocurriría llamar a un amigo para contarle eso (qué en la vida me ha pasado). Lo peor de todo esto, es que ha conseguido sacarte de un instante tuyo por un tema patéticamente vanal.
Un saludo

Faramalla dijo...

Hola, Espectadora. Supongo que mi amiga está pasando una etapa de lágrimas. Habrá que disculparla. Gracias por tu visita, y un cordial saludo.

María Jesús Lamora dijo...

Je, je,a mí también me parece un principio de un relato.
Me ha gustado.
Abrazos son sonrisa.

Anónimo dijo...

El texto está claro, clarísimo, interesante dentro de lo absurdo que es llamar a un amigo o amiga por tal circunstancia. No preguntaré más porque prefiero imaginar-especular sobre lo que te ha llevado a escribirlo, y a la "supuesta" a llamar su "amigo". ¿Seguirá?

saludos

mek